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¿Debo certificarme para comercializar inmuebles? Parte 2

Publicado por evargase en mayo 1, 2026
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Por Damary Vila Mesa

Como comentamos anteriormente, para ejercer como asesor inmobiliario en México no existe una legislación federal o lineamientos claros para ello.

Al igual que en Estados Unidos, en México existe un proceso de certificación como asesor inmobiliario, pero no existe una licencia obligatoria federal. La certificación es un proceso formal mediante el cual se verifican las competencias laborales en el ramo inmobiliario. No solamente teoría, también habilidades específicas, para asesorar en la comercialización, administración, valoración, etcétera. Se basa en estándares de competencia reconocidos por el CONOCER (Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales), que es una dependencia de la SEP (Secretaría de Educación Pública). Varias instituciones en México ofrecen la capacitación y posteriormente la certificación, incluida la AMPI (Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios).

Algunos de los estándares comunes que se usan en esta certificación son el EC0110.02 Asesoría en comercialización de bienes inmuebles, el EC0903.02 Promoción especializada para productos de crédito INFONAVIT. Aunque existen otros específicos dependiendo de la zona o especialidad (turismo, crédito, etcétera.)

Generalmente el proceso para la certificación transcurre con la siguiente lógica: un diagnóstico para identificar si el candidato ya cuenta con experiencia o conocimientos previos. Posteriormente, se imparte el curso o capacitación para cubrir todos los temas del estándar de competencia (por ejemplo: comercialización, normativa, contratos, ética, valoración, crédito). Le sigue una evaluación que mide que se cumple el estándar mediante exámenes escritos, demostraciones prácticas, portafolio de evidencias, etcétera. Aprobada la evaluación, se emite el certificado oficial. Algunos estándares requieren actualización o renovación con el tiempo.

En más de 20 estados de la República mexicana existen leyes locales que obligan a los asesores a certificarse y tramitar una licencia o matrícula ante las autoridades del estado; hacerlo ofrece al asesor mayor credibilidad y confianza ante los clientes. Lo dota de herramientas legales y normativas para enfrentar negociaciones y procesos contractuales, fiscales, etcétera. Al momento de presentarse a los clientes puede ser un diferenciador competitivo frente a asesores sin certificación. En algunos casos, ciertas instituciones o desarrollos obligan o prefieren trabajar con asesores certificados. Permite el acceso a redes profesionales como el AMPI.

Actualmente las redes están plagadas de promesas de cómo ganar mucho dinero como asesor inmobiliario, cómo vender más, como tener más clientes. Si bien, el fin último de todo empleo es ganar dinero y satisfacer las necesidades materiales y espirituales de quien trabaja, no se debe perder de vista la naturaleza de empleo o profesión que se elija. El asesor inmobiliario puede vender o alquilar, pero su esencia está en asesorar.

Son estos mismos mensajes en redes, los que incitan a creer que es una profesión a la que se pueden dedicar de manera fácil y altamente redituable. Y ni lo uno ni lo otro son verdades absolutas.

Según la Real Academia Española (RAE), un vendedor es una persona (o una empresa) que vende, que tiene la acción de vender. La definición en el Diccionario de la lengua española especifica que es “que vende” y lo relaciona con otras profesiones como comerciante, feriante, mercader o tendero.

 

Todas las profesiones son dignas y más en este país con una tradición respetable de comerciantes ambulantes o tianguistas. Pero no somos simples comerciantes o mercaderes. Porque los inmuebles de las personas son el resultado de sus sacrificios, la construcción de su familia, su patrimonio. El asesor inmobiliario no comercializa productos, ayuda a construir hogares.

El asesor inmobiliario, con su experiencia y conocimiento especial debe convencer al vendedor de que más allá del valor de haber construido cada pared y haber visto nacer a sus hijos ahí, el inmueble tiene un valor comercial, al que se llega a través de criterios técnicos. Esa habilidad es la que hace la diferencia para que el propietario se sienta confiado y no sienta “que esta señora que no sabe nada quiere poner valor a mi casa”. Debe poder orientarlo sobre la estrategia impositiva, que no es evasión fiscal y como cumplir con las normas sobre comercialización de inmuebles.

Como asesores inmobiliarios, tenemos el deber de reivindicar el gremio.

Profesionalizarlo no es una opción: es una responsabilidad. Nuestros clientes lo merecen.

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